Padre Celestial, te damos gracias y te alabamos por el hermoso don que nos has dado en Jesus Eucaristia y por el maravilloso poder que existe cuando le abrimos el cenaculo de nuestros corazones. Señor, te pido que tu amor sanador fluya en nosotros y que las areas dificiles de nuestra existencia sean sanadas, especialemente, la de la autoestima. Que podamos aprender a amarnos para poder amarte y amar a los demás. Te damos gracias y te alabamos, Jesús, por el trabajo que estás realizando dentro de nosotros, en este momento. Amen.
("El Poder sanador de Jesus Eucaristia" P. Gustavos Jamut)
Cristo Jesús, Salvador deseado y esperado de la historia, de mi historia, que hoy vienes a habitar en mi, con tu cuerpo y con tu sangre, ven a caminar por mi vida. Camina por mi pasado, por mi presente y por mi futuro. Tu que caminaste por caminos, senderos y calles de pueblos y ciudades, camina hoy por mi y bendiceme en tu amor. Tú que sanaste a los leprosos, cura la lepra espiritual que se produjo en mí, ante aquellos pecados que, por ser soberbio, debil o ignorante me sumieron en la enfermedad.Clava en tu cruz todos mis pecados y unge mis heridas con tu bendita sangre. Tu que sanasate al sordomudo, cúrame y libérame del espiritu de sordera, que no me deja percibir tu amor y escuchar tu voz en mi interior, discernir tu voluntad y escuchar el clamor de los hermanos que sufren. Tú que devolviste la vista a los ciegos, libérame del espiritu de ceguera, que no me permite verte en mí constantemente, y vivir en alabanza por tu inigualable belleza. Tú que liberaste al epileptico, libérme hoy del espiritu de epilepsia y mudez que me impide comunicarme en profundidad y expresar tu Palabra con sabiduria, prudencia, claridad, afecto y firmeza. Tu que sanaste a los paraliticos, libérame del espiritu de parálisis que me deja postrado largo tiempo, haciendome perder la virtud de la alegria y no se hacia donde dirigirme para hacer tu voluntad. Tú que resucistaste a los muertos, resucita caminante santo, las áreas de mi historia, de mi vida que están marchitas, agonizantes o muertas. Tú que liberaste a los oprimidos por el mal, libérame de toda fuerza o cercanía del espiritu del mal, y cólmame de tu santo y dulce Espíritu para que, por tu Gloria, brillen los dones y carismas que me diste. Envíame a tus santos arcangeles y angeles, instrumentos de tu paz, para que me guien a lo largo del camino. Amén.
(Te recomiendo realizar, con espiritu de fe, cada día, esta oración, deteniéndote en aquel punto donde necesites mayor intervensión de Dios)
Extraido del libro "El poder pacificador de Jesús Eucaristia" P. Jamut
Santo Padre Pío, ya que durante tu vida terrena mostraste un gran amor por los enfermos y afligidos, escucha nuestros ruegos e intercede ante nuestro Padre Misericordioso por los que sufren.
Asiste desde el cielo a todos los enfermos del mundo; sostiene a quienes han perdido toda esperanza de curación; consuela a quienes gritan o lloran por sus tremendos dolores; protege a quienes no pueden atenderse o medicarse por falta de recursos materiales o ignorancia; alienta a quienes no pueden reposar porque deben trabajar; vigila a quienes buscan en la cama una posición menos dolorosa; acompaña a quienes ven que la enfermedad frustra sus proyectos; alumbra a quienes pasan una "noche oscura" y desesperan; toca los miembros y músculos que han perdido movilidad; ilumina a quienes ven tambalear su fe y se sienten atacados por dudas que los atormentan; apacigua a quienes se impacientan viendo que no mejoran; calma a quienes se estremecen por dolores y calambres; concede paciencia, humildad y constancia a quienes se rehabilitan; devuelve la paz y la alegría a quienes se llenaron de angustia; disminuye los padecimientos de los más débiles y ancianos; vela junto al lecho de los que perdieron el conocimiento; guía a los moribundos al gozo eterno; conduce a los que más lo necesitan al encuentro con Dios; bendice abundantemente a quienes los asisten en su dolor, los consuelan en su angustia y los protegen con caridad.
a) Oración y experiencia espiritual. No es posible separar la enseñanza de san Pablo de su experiencia espiritual. Él no enseña cosas diversas de aquellas que adquirió antes espiritualmente: <<El gran apóstol de los gentiles, Pablo, no sólo era movido apasionadamente por las ideas que predicaba, mas el movimiento mismo de sus ideas puede comprenderse –en buena parte- sólo en base a su experiencia íntima, personal>>[1]. Por esta razón, su oración está plenamente entrelazada con su enseñanza y este hecho se refleja en alguna de sus cartas. La experiencia espiritual que nutre la vida de oración de san Pablo, comienza en el camino a Damasco. Es la visión de Jesús lo que constituye el elemento decisivo, el secreto de la vida espiritual del apóstol. La visión del Señor define su vocación y le enseña una triple verdad: 1) El Cristo de los cristianos ha resucitado; 2) Él es el Señor (Dios); 3) Él vive en la comunidad cristiana a la que Pablo deberá unirse.
b) Cristo, centro de la oración. Para san Pablo la oración debe ser centrada en Cristo porque Él es el centro de la Revelación divina. Este hecho comporta dos realidades: 1) La oración es un encuentro con Cristo. Con el encuentro de Damasco se estrecha una amistad de la que Pablo es el beneficiario gratuito; 2) Jesús es el Hijo, y Jesús revela al apóstol convertido que Dios es Padre y le inspira una oración filial. En la medida en que la oración está centrada en Cristo, Dios no aparece más como un desconocido, sino como un Padre que está cercano a sus hijos, de manera que podamos dirigirnos a Él con confianza y llamarlo Padre, como Jesús nos ha enseñado. El corazón de la oración paulina, por lo tanto, es el reconocimiento de nuestra filiación divina, como tendremos oportunidad de ver enseguida.
c) El Espíritu Santo, autor principal de la oración. El cristiano, el día del bautismo, recibe como don al Espíritu Santo, que lo habita, lo santifica, lo transforma y lo torna imagen del Hijo. Y es el Espíritu del Padre y del Hijo, el autor principal de nuestra oración. En efecto, nosotros oramos en el Espíritu Santo porque es Él quien inspira nuestra oración, y al mismo tiempo ora en nosotros y nos hace descubrir nuestra condición de hijos de Dios.
La oración cristiana es una oración en el Espíritu: <<Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animados por el Espíritu>> (Ef 6, 18). Sobre todo porque <<incita a la oración. Es Él quien genera la necesidad y el deseo de obedecer al <<Velen y recen>> recomendado por Cristo>>[2], a través de sus inspiraciones y mociones particulares al interior del alma del orante. Además, es una oración en el Espíritu porque hay una acción más íntima descripta en el pasaje de la Carta a los Romanos: <<El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos orarcomo es debido, pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables>> (8, 26). Nosotros no podemos saber qué es conveniente pedir; el objeto de nuestro deseo no puede ser por nosotros conocido sino mediante el Espíritu: <<…el Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios. ¿Quién puede conocer lo más íntimo del hombre, sino el espíritu del mismo hombre? De la misma manera, nadie conoce los secretos de Dios, sino el Espíritu de Dios>> (1Cor 2, 10b-11). Sólo el Espíritu Santo conoce perfectamente el fin trascendente de nuestro deseo. Solamente Él nos conduce hacia la auténtica oración haciendo que podamos dirigir a Dios las peticiones justas. <<Estamos en la raíz más íntima y profunda de la oración. Pablo la señala y nos hace pues comprender que el Espíritu Santo no solamente nos induce a la oración, sino ¡Él mismo ora en nosotros!>>[3].
Finalmente, el Espíritu Santo, Espíritu del Hijo, hace descubrir al hombre espiritual el misterio de su condición de hijo de Dios y lo impulsa a dirigirse a Dios como Padre. La oración es el grito que brota de este descubrimiento y de este amor. <<De cualquier modo, entonces, el Espíritu Santo transfiere a nuestros corazones la oración del Hijo, que dirige el grito al Padre>>[4]. Justo por esto, san Pablo no dice solo que el Espíritu <<ora en nosotros>>, sino también que grita en nosotros. La oración cristiana es la invocación del niño, la aspiración del hijo que tiende al Padre: es al mismo tiempo del Espíritu Santo y de nuestro espíritu, pero unificada en un solo acto, al punto que san Pablo puede decir que el Espíritu es el que grita en nosotros: <<Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abbá!, es decir, ¡Padre!>> (Gal 4, 6), como que nosotros gritamos en el Espíritu: <<Hemos recibido un espíritu de hijos adoptivos por medio del cual gritamos: ¡Abbá!, ¡Padre! El Espíritu mismo certifica a nuestro espíritu que somos hijos de Dios>> (Rom 8, 15-16).
d) Oración y gratitud. No hay autor del Nuevo Testamento que haya dado al agradecimiento la importancia que el apóstol le otorga en sus escritos, en los que al término griego eucharistia, <<agradecimiento>>, recurre 12 veces, y eucharisteô, <<agradecer>>, 24 veces. Estos términos son los más usados por San Pablo para significar la oración, más aún que las palabras mismas “orar” y “oración”. Esto equivale a reconocer que San Pablo no concibe la oración cristiana fuera de la clave de la gratitud. Una y otra –oración y gratitud- se funden: son un comportamiento integrado y continuo en la conciencia y en las manifestaciones de fe. Para San Pablo, la gratitud no es solamente un comportamiento más, sino el comportamiento cristiano por antonomasia, que corresponde a la nueva existencia del cristianismo en Cristo, al hombre nuevo, renovado por la gracia (charis, en griego). Es la actitud filial de frente a los dones recibidos del Padre. En efecto, el presupuesto por el agradecimiento continuo es el reconocimiento de los continuos dones divinos. Es agradecido sólo quien recibe y sabe recibir. Por esto, San Pablo emplea el término griego eucharistós, <<aquel que agradece>> (Col 3, 15), como sinónimo del cristiano, y enseña que se debe orar con agradecimiento continuo: <<Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús>> (1Tes 5, 18; cfr Col 1, 11-12; 2,7). Más allá de recomendarla, San Pablo ha vivido y dado el ejemplo de esta gratitud, siempre en cada eventualidad: <<No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús>> (1Cor 1, 4); <<…doy gracias sin cesar por ustedes, recordándolos siempre en mis oraciones>> (Ef 1, 16; cfr. Rom 1, 8; Fil 1, 3-4; Col 1, 3).
Por otra parte, San Pablo ha percibido más que nadie que la oración y la vida cristiana constituyen una realidad inseparable, porque ambas consisten, esencialmente, en agradecerLe a Dios. Él, de hecho, enseña que la vida cristiana debe ser un culto espiritual que prolonga el sacrificio eucarístico: <<Por lo tanto, hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer>> (Rom 12, 1).
[1] R. Schnackenburg, Il messaggio morale del Nuovo Testamento, Paoline, Roma 1981, p. 243.
1. Dios es Amor La experiencia de Dios se da en un encuentro con Dios. Amar a Dios es encontrarse con él: la luz de la fe y entrega de amor. Despojo de sí y cambio de vida. A Dios se lo conoce en la experiencia del amor. Para conocerlo hay que comprometer todo nuestro ser. No basta un conocimiento formal, externo, como el de quien contempla y describe un objeto. Es necesario el conocimiento real y personal del que penetra en la intimidad del otro, compartiendo a su vez la suya. Dios se nos hace real en el amor porque “Dios es amor”. Si queremos conocer a Dios: amemos. Si queremos dar a conocer a Dios: amemos. Si queremos cumplir con Dios amemos. El amor es lo único que nos compromete realmente. El que no compromete con Dios la realidad de su amor, no puede conocer a Dios. Vive y transmite un espejismo de Dios, una apariencia de Dios que no convierte. Por eso el hombre, no es autentico por lo que dice sino por lo que vive. A Dios se lo conoce realmente en el amor y se lo da a conocer por el amor. De todo lo que pensamos, hacemos y sentimos, para el evangelio vale lo que vivimos. Sólo lo evangeliza la vida porque damos al mundo la imagen del Dios que vivimos. El camino del evangelio es experimentar el evangelio.
2. Dios se revela en Jesucristo Dios se ha hecho hombre en Jesucristo. En Jesús tenemos el rostro de Dios. Al amor de Dios lo conocemos en Jesucristo. Nosotros creemos no simplemente en Dios sino en una manifestación histórica de Dios: Jesús de Nazaret. El Dios de nuestra fe nos exige una actitud de vida. Dios da testimonio de sí mismo en Jesucristo. Nuestra fe es una fe evangélica.
3. Dios es comunidad Jesús nos descubre que Dios es amor y vida porque Dios es comunidad. Dios es uno como Dios y una trinidad de personas como familia: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Los tres son iguales porque son Dios. Los tres son distintos porque cada uno tiene su personalidad divina, su propio nombre. Dios tiene un amor creativo y por eso crea en universo y lo que en él existe. Tiene amor personal y por eso lo comparte con los hombres de buena voluntad, tiene un amor santo y por eso lo llama al hombre a cambiar de vida, a convertirse a la vida nueva que el posee y comparte. El amor de Dios es perfecto. Dios es comunidad y quiere que el hombre se realice en comunidad para poder ser imagen y semejanza suya. El hombre no pude realizarse sino en comunidad. Hacer iglesia es hacer comunidad.
4. Dios necesita de otros Dios como misterio se revela al hombre. Se nos descubre como un ser personal y trascendente. San Lucas nos relata como Dios le revela a María su proyecto mesiánico y salvador. María es la que escucha la necesidad de Dios. La necesidad de hacerse tiempo siendo eternidad. De pisar la tierra teniendo el cielo. De tener una presencia historia perteneciendo a la trascendencia divina. Entonces se hace real en nosotros y nosotros en Dios. El nos transforma en libres, auténticamente hombres, verdaderamente personas, reales en el amor, capaces del testimonio.
La imagen evangelizadora y perfecta de Dios es la Caridad, el amor. Esta experiencia de amor de Dios la recogemos de diferentes fuentes:
1)De la experiencia de nuestra conversión. Dejar la condición de pecador por el arrepentimiento, supone la confianza en el Dios que perdona.
2)De la experiencia del camino interior. Por él se avanza a través de una conversión progresiva a la caridad y aun abandono interior al amor de Dios que va transformando unitivamente a la persona humana en la comunión de Jesús con el Padre.
3)De la experiencia del camino de la fraternidad. Por él también se recoge una experiencia de amor trinitario a través de la alianza y la comunión fraterna a que conduce la vida del mandamiento de Jesús.
4)De la experiencia de Dios recogida en las escrituras y vivenciada desde la fe de su lectura y oración.
La experiencia de Dios en la Palabra
La imagen de Dios es el Amor y desde el amor, el hombre personaliza su vida y la hace comunidad fraterna. La imagen real de Dios lleva a la fraternidad comunitaria. Esto es pasar del Dios conmigo del individualismo al Dios con nosotros del Evangelio.
El pecado es la falta de amor mas que falta contra la ley o el amor. La falta de amor es una forma de ateismo porque si Dios es amor, cuando no amo estoy negando a Dios y afirmando una ausencia de Dios.
Conclusión
El Dios realmente Dios es un Dios que se descubre, habla y se revela para que el hombre pueda conocerlo y descubrirse así mismo como hijo suyo.
Es un Dios que nos ama antes que nosotros podamos amarlo o pronunciar su Nombre y por eso, en El aprendemos lo que es el amor. Es un Dios que no se puede usar o manejar, sino amar y servir. Es dueño y Señor y se manifiesta como fin o meta de la existencia humana. Frente a él definimos nuestra existencia eterna, nos enjuicia por derecho y no por prepotencia.
Mi encuentro con él me descubre mi irresponsabilidad de ser en la vida, me hace tomar conciencia de mi ser pecador. Me hace ver que no asumí mi condición profunda y trascendente de hombre pero, a la vez, me llama, espera y perdona.
Es un Dios que me necesita y espera no tanto que le pida, cuanto que me ofrezca a ayudarlo y servirlo. Es un Dios que busca aliados y edifica sobre la fe como respuesta de amor y compromiso de fidelidad. Quiere establecer una relación de gracia y amistad en base a la entrega de amor y no sobre meras ideas o sentimientos.Por eso quiere que trate a los demás hombres como hermanos.
El Dios que se nos revela en la Escritura es un Dios que se acerca tanto al hombre que se hace uno de nosotros. Ser testigos es comprometerse absolutamente con el amor de Dios manifestado en Jesucristo y su Evangelio
(El rostro real de Dios. P. Ricardo Martesen. Ed de la Palabra de Dios.)
Hoy seré feliz.Expulsaré de mi espiritutodo pensamiento triste. Me sentiré másalegre que nunca .No me lamentaré de nada.Hoy agradeceré a Dios la alegria y la felicidad que me regala.Hoy trataré de ajustarme a la vida.Aceptaré al mundo como es y procuraréencajar en él. Si sucede algo que me desagrada, no me mortificaré ni melamentaré, agradeceré que haya sucedido.
Porque asi se puso a prueba mi voluntadde ser feliz.Hoy seré dueño de mis sentimientos,de mis nervios y de mis impulsos.Para triunfar tengo que tener dominiode mi mismo.Hoy trabajaré alegremente con entusiasmoy pasión, haré de mi trabajo...una diversión.Comprobaré que soy capaz de trabajar conalegria.Disfrutaré mis pequeños triunfos, no pensaréen los fracasos.Hoy seré amigable.
No criticaré a nadie.Si comienzo a criticar a una persona,cambiaré la ctitica por elogios.Toda persona tiene sus defectos y sus virtudes.Olvidaré los defectos y concentraré mi atenciónen las virtudes.Hoy evitaré las discusiones desagradables.Hoy voy a eliminar dos plagas de mi vida : la prisa y la indecisión. Hoy viviré con calma,con paciencia; porque la prisa es el enemigode una vida feliz y triunfante. No permitiré que la prisa me abrume.
Hoy tendré confianzaen mi mismo porque Dios está conmigo. Hoy haréfrente a todos los problemas con decisión yvalentia y no dejaré ninguno para mañana.Hoy no tendré miedo.Actuaré valientemente...el futuro me pertenece.Hoy tendre confianzaen que Dios ayuda a los que luchan..y trabajan.Hoy no envidiaré a los que tienen mas dineroo más salud que yo .
Contaré mis bienes y no mis males.Compararé mi vida con la de otros......quesufren más.Hoy trararé de resolver los problemas de hoy.El futuro se resuelve asi mismo.El destino pertenece a los que luchan. Hoy tendré unprograma que realizar. Si algo queda sin hacer,no me desesperaré, lo haré mañana.Hoy no pensaré en el pasado . No guardarérencor a nadie, practicaré la ley del perdón.Asumiré mis responsabilidades y no echarélas culpas a otras personas de mis fracasos.
Hoy comprobaré que Dios me ama y mepremia con su amor.Hoy haré un bién a alguien. Buscaré a algunapersona para hacerlo sin que lo descubra, serécortés y generoso. Al llegar la noche comprobaréque Dios me premió con un bién, con un dia de plena felicidad.¡Y mañana viviré otro dia como hoy.!
“Señor y Dios nuestro, concédenos la gracia de desearte con todo nuestro corazón, para que, deseándote, podamos buscarte y encontrarte; encontrándote podamos amarte y, amándote, podamos aborrecer aquello de lo que nos has redimido. Amen” (San Anselmo)
¡¡¡Bienvenidos!!!
Sean Bienvenidos al blog de Taller de Oracion Juan Pablo II. Este es un espacio para compartir el material que fuimos trabajando en talleres vivenciales de oración que realizaba a través del menssenger. En este espacio estaremos publicando información sobre la oración personal y comunitaria tomando como eje las enseñanzas de nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostolica Romana y la experiencia de grandes Santos o beatos, particularmente la de Juan Pablo II. Si tenés alguna consulta comunicate a rolopezbriega@hotmail.com.