domingo, 11 de octubre de 2009

ORACION PIDIENDO LA SANACION DE LOS RECUERDOS DOLOROSOS

1- Señor Jesús, nos alegramos porque tu tienes todo presente. Te agradecemos porque Tú puedes retroceder hasta el momento en que fuimos concebidos y sanarnos aun de ese momento. Tú puedes liberarnos de cualquier influencia que nos haya dañado entonces, sea que hayamos sido con amor o accidentalmente.

Mientras tomábamos forma en el seno materno, ahí estabas tú para liberarnos de impresiones que pasaron a nosotros a trabes de nuestra madre o de las circunstancias de la vida d nuestros padres. Sustos, temores, o quizás un hogar sin clima de amor, o lo que nuestra madre sufrió por un exceso de trabajo, pobreza, desunión.

En todo caso Señor Jesús, nuestro espíritu captaba algo por medio de nuestra madre y sentía temor de aparecer en ese mundo. Te rogamos que nos des ahora todas las cosas que en esos momentos pudieron hacernos falta, y que quites de nuestro ánimo todo enojo o resentimiento. Gracias Jesús, por hacer esto.

2- Te alabamos, Señor Jesús, porque Tú sanas los traumas del nacer. Algunos de nosotros soportamos los efectos de un parto demasiado prolongado, ahogos o del uso de instrumentos. Te pedimos que sanes cualquier sufrimiento o angustia que hayamos que hayamos experimentado al nacer, y que quites todo temor o sentimiento de inseguridad relacionados con esta situación. Libéranos de sentimientos de culpa por los dolores que ocasionamos a nuestras madres especialmente si sentimos que no fuimos deseados ni amados.

Si nuestros padres se sintieron defraudados porque deseaban un hijo de otro sexo; sana señor nuestra frustración al no poder responder a ese deseo de ellos, y permite que, desde ahora en adelante seamos plena y alegremente el hombre o la mujer que tu quisiste que fuéramos.

Gracias, Jesús porque en el momento de nuestro nacimiento estuviste ahí para recibirnos en tus manos.

3- te agradecemos también por tu presencia junto a nosotros durante los primeros meses de vida, cuando éramos tan frágiles y necesitados de ti. Algunos recibimos en esos meses menos amor del que necesitábamos, algunos estuvimos separados de nuestra madre debido a enfermedades muerte o separación de nuestros padres. Por eso, en ocasiones, nos falto el amor de la madre que nos rodeara y nos hiciera sentir protegidos y seguros.

Te rogamos, Señor, que suplas lo que nos falto cada vez que deseábamos ser estrechados entre sus brazos, acunados por ella mientras nos cantaba o nos contaba historias y ella no estuvo allí.

Señor Jesús, todas esas cosas que sólo una madre puede hacer, hazlas Tú ahora en la profundidad de nuestro ser, para que cualquiera de nosotros, que se haya sentido abandonado en los primeros meses de su vida, experimente ahora y reciba de Ti todo el inmenso amor maternal que le faltó.

4- Muchos otros carecieron del amor de un padre. Quizás alguno de nosotros nunca conoció a su padre por que estaba lejos debido a circunstancias infortunadas; quizás nunca volvió. O bien nos separó de nuestro padre la muerte o la disolución de la familia.

Cualquiera que haya sido la causa por la que este vacío quedó en nuestra vida, te pedimos, Señor Jesús, que lo llenes Tú con ese amor tierno y fuerte que solamente un padre puede dar.

Cuando hemos ansiado sentirnos entre los fuertes brazos del padre, y tener un papá que nos quiera; cuando nos hacen falta los consejos y la fuerza y seguridad de su amor, y él no estuvo allí, experimentamos el desamparo. ¡Señor, remedia eso en nosotros, ahora! Haznos sentir que nunca estuvimos solos ni abandonados por Ti, que siempre hay para nosotros un brazo fuerte en el cual apoyarse, pues Tú velas sobre nosotros y cuidas de nosotros aún cuando no nos damos cuenta de tu presencia.

Señor Jesús, como un padre se inclina para levantar a su hijo y lo estrecha contra su mejilla, tómanos ahora entre tus brazos, y que el calor, la fuerza y la ternura de tu abrazo nos sane. Gracias, Jesús, por lo que estás haciendo.

5- También necesitamos tu curación para los años de nuestra niñez .algunos hemos crecido en una familia numerosa donde era imposible que nos dedicaran mucha atención individual. Esto podemos comprenderlo y aún aceptarlo; sin embargo hay una parte de nosotros que nunca se sintió amada como esperaba.

Por eso te pedimos, Señor Jesús, que hoy día nos hagas sentir que cada uno de nosotros es un hijo predilecto, alguien muy importante para Ti, alguien único y diferente de los demás; y que Tú amas a cada uno de nosotros de un modo muy tierno y especial.

Te pedimos también que sanes toda herida causada por las relaciones entre los hermanos; el hermano o la hermana que no aceptó ni comprendió; que no nos brindó el amor y la bondad que necesitábamos recibir de él o de ella; de mis abuelos o mis tíos.

Señor Jesús te pedimos que nos ayudes a perdonar a ese hermano o hermana que nunca hemos podido aceptar totalmente, porque tampoco él nos aceptó. Hazlo Tú mismo, Señor: entra en lo más profundo de nuestro corazón y perdónalo Tú a través de nosotros. Y danos para él una porción extra de amor, para que así, la próxima vez que lo veamos, sea con un sentimiento tal de amor que esas barreras que nos han separado durante años desaparezcan y seamos como una persona nueva. Alabado seas, Jesús.

6- señor, te pedimos curación para nuestros día de colegio. Quizás ese fue un trauma de nuestra vida. Quizás nunca antes nos habíamos separado de nuestra madre o de nuestro hogar y esa experiencia nos pareció insoportable. Algunos éramos muy tímidos y sensibles y nos fue en extremo penosa la relación con un profesor desconocido, unos niños extraños, y una fría sala de clases. Se esperaba de nosotros muchas cosas y nos confundíamos. Sufrimos por la forma en que nos trataron profesores poco benévolos y compañeros que no nos entendían y aceptaban. Y después, quizás nuestros padres se mostraban siempre insatisfechos de nuestras calificaciones, y eso nos hacía sentir que nunca serviríamos para nada.

Sana, Señor las heridas que han quedado de esos años.

Algunos nos volvimos retraídos, temerosos de hablar ante un grupo, porque habíamos sido criticados o ridiculizados y eso fue demasiado penoso. Te pedimos que las puerta de nuestro corazón puedan abrirse de nuevo sin temor y nuestra lengua se desate para que podamos relacionarnos libremente con los demás.

7- cura, Señor, los años de nuestra adolescencia en que comenzamos a experimentar nuestra madurez sexual y eso nos causó alarma, confusión y pena. Algunos jamás hemos olvidado las experiencias que tuvimos mientras aprendíamos a conocernos a nosotros mismos y a definir nuestra personalidad.

Sana Señor nuestras dudas, temores e inseguridad. Te pedimos por las ocasiones en que fuimos heridos en nuestras relaciones con los demás, en que fuimos humillados, burlados. Por los incidentes que nos causaron sufrimiento o confusión. Entra en nuestro corazón y transforma esas experiencias con tu presencia, de modo que no sigamos recordándolas con vergüenza sino con acción.

Ayúdanos a entender las dificultades de los adolescentes: sus conflictos, su búsqueda, para que seamos capaces de ayudarlos y comprenderse a sí mismos.

Hoy que nos lavas con tu Sangre preciosa, déjanos como la nieve, haz que podamos comunicar a los jóvenes la convicción de que Tú los esperas, que aunque se haya caído, Tú invitas a levantarse. Aún cuando estamos en la oscuridad, Tú eres la Luz y el Señor.

Gracias, Jesús, por lo que estás haciendo en nosotros.

Conclusión

Te rogamos que sanes esa época de nuestra vida en que, dejada atrás la adolescencia, nos orientamos hacia el estado al cual Tú nos llamaste. Sánanos por nuestros fracasos cuando no alcanzamos las metas propuestas, por los sueños y esperanzas que concebimos y no se realizaron. Todos esos anhelos no cumplidos te los entregamos hoy.

Algunos fuimos llamados a ser esposos y padres, esposas y madres; algunos abrazamos la vida religiosa, otros permanecemos solteros en la vida seglar. En cualquier camino que hayamos seguido ha habido penas y sufrimiento, dificultades y profundos problemas interiores que necesitan ser sanados.

Por eso te pedimos que nos sanes en el estado de vida en que nos encontramos hoy.

Te pedimos que nos quites el temor de compartir unos con otros el peso de nuestras debilidades. Que podamos compartir la vida, no basados en un falso ideal sino en una esperanza verdadera, con fe en nosotros mismos y confianza en los demás.

Te rogamos Jesús que la vida que compartimos sea tu vida.

Gracias, Señor, por las palabras que encontramos en el libro del profeta Isaías:

“No se acuerden más de otros tiempos, ni sueñen ya más en las cosas del pasado. Pues yo voy a realizar una cosa nueva, que ya aparece. ¿No la notan?” (Is. 43,18-19).

Final

Señor Jesús, mientras tu amor se derrama sobre nosotros des cubre en cada corazón aquellas cosas que necesitan ser sanadas y liberadas. Te alabamos y damos gracias porque sabemos que has oído nuestra oración y que tu respuesta será lo que, en tu amor y sabiduría, sabes qué más nos conviene.

Señor, también confiamos en la intercesión de la Santísima Virgen María. Ella es nuestra Madre y no cesa de rogar por nosotros.

Confiamos también en la intercesión de nuestros hermanos. Formamos una gran familia los que en la tierra y en la gloria estamos unidos en una misma fe.

Te alabamos y bendecimos. Amén.

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